Asociación ¿Hablamos?

A comienzos del año 2006 se puso en marcha el proyecto de Mediación Penitenciaria en el Centro Penitenciario de Zuera de la mano de la Red Nacional de Mediación y Pacificación de Conflictos. Este proyecto se continúa desarrollando sin solución de continuidad a día de hoy en el mismo Centro. El proyecto ha contado con la colaboración de la Dirección del Centro Penitenciario de Zuera y el mismo se ha incardinado en la Subdirección de Seguridad del Centro.

En el añoo 2010 se presenta el proyecto "Modelo de Gestión de Conflictos en el Módulo de Respeto" del Centro Penitenciario de Daroca, con la intención de realizarlo a partir de Junio de 2010.

A comienzos del añoo 2006 se puso en marcha el proyecto de Mediación Penitenciaria en el Centro Penitenciario de Zuera de la mano del Proyecto de la Asociación de Mediación y Pacificación de Conflictos de Julián Ríos and Company.

El proyecto fue el primer proyecto de mediación de la Asociación ¿hablamos? con la carga que todo eso tenía. La abundante documentación generada por Julián and Company ayudó sin duda mucho a poder gestionar la seguridad del equipo de mediadores. La Dirección del Centro Penitenciario nos recibió con gusto pero en contra de nuestra opinión colgó el proyecto no de la Subdirección de Tratamiento sino de la Subdirección de Seguridad, cuestión esta que como veremos afectó y afecta al desarrollo del mismo.

El proyecto de mediación penitenciaria en el Centro Penitenciario de Zuera se basaba en la mediación de personas que habían sido marcadas con una incompatibilidad por el propio Centro. De las incompatibilidades posibles nosotros trabajábamos sólo con las que se habían impuesto por el propio Centro Penitenciario de Zuera entre personas que se habían peleado en los módulos, pero no con aquellas incompatibilidades impuestas por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias.

Estar marcado por una incompatibilidad establecida por el Centro Penitenciario de Zuera tiene su origen en una pelea o discusión de dos personas que habitan el mismo módulo. La estrategia de gestión del conflicto por parte de la prisión en estos casos es la evitación de un nuevo conflicto, que se ejerce por la separación de esas dos personas en módulos diferentes. Esta separación implica a su vez que aún cuando la vida en dos módulos diferentes hace harto difícil el contacto de estas dos personas, son marcados administrativamente en el régimen interno del Centro Penitenciario como "incompatibles" esto es, en virtud de esa "incompatibilidad" tampoco pueden coincidir en ningún espacio común del centro: escuela, taller, sociocomunitario etc.

En principio haber marcado a una persona con incompatibilidad afecta enormemente a la vida cotidiana de esa persona: de la noche a la mañana se le cambia de módulo con lo que desaparece toda relación con sus compañeros de celda, de módulo, y con las actividades que venía desarrollando en el mismo. Además se produce el traslado a un módulo normalmente de menor calidad de aquel en el que estás viviendo, es una especie de regresión en la vida cotidiana.

La mediación penitenciaria estaba basada en el acuerdo con la Dirección del Centro consistente en que si las partes llegaban a un acuerdo entre sí, y así lo consideraban ellas, se solicitaba a la Dirección, no sólo la retirada de la incompatibilidad entre las personas afectadas, sino también la posibilidad de reingresar al módulo de procedencia.

Lo cierto es que en el primer año de experiencia en mediación penitenciaria advertimos que efectivamente las incompatibilidades se retiraban pero que no se ejercía la posibilidad de regresar al módulo de procedencia. Igualmente advertíamos que el hecho de estar colgados de la Subdirección de Seguridad evitaba que hubiera un conocimiento por parte de la Subdirección de Tratamiento de los avances de las personas presas por el sólo hecho de participar en mediación. Conocimiento éste que sin duda tenía enormes posibilidades de cara a poder mejor valorar la progresión de grado y los beneficios penitenciarios (permisos, notas meritorias, etc).. Por eso en nuestra primera memoria de evaluación de la experiencia solicitamos que hubiera un refuerzo positivo de las conductas por parte del equipo de tratamiento (educador/a del módulo, trabajador/a social) para cualquier persona que participara en el proceso de mediación, y no necesariamente porque llegaran a un acuerdo, sino por el simple hecho de haber dado un paso tan importante como haber decidido en un entorno de tanta violencia dar un paso voluntario hacia la posibilidad de hablar con la otra persona con la que ha tenido un conflicto.

En el segundo año de experiencia nuestras propuestas de modificar la dependencia del proyecto hacia la Subdirección de Tratamiento y de que hubiera este refuerzo positivo no fueron atendidas. El trato con la Subdirecci�n de Seguridad segu�a siendo excelente, pero necesit�bamos algo m�s, que acercara el programa a la realidad y a los esfuerzos que las personas presas ya estaban haciendo al participar en las mediaciones. As� que decidimos asumir nosotros ese plus de actividad en lo que al refuerzo positivo de conductas se refiere. Ese segundo a�o al final del curso reunimos de una sola vez a todas las personas que hab�an participado en los procesos de mediaci�n de ese a�o en el Centro Penitenciario, bien con resultado de acuerdo o sin �l, la clave era juntar a todos aquellos que al menos hab�an participado en la fase de encuentro dialogado.

El resultado fue tremendamente positivo: siempre en una clave de pedagog�a activa se desarrollaron durante dos d�as actividades de rol en el que todos asum�an un rol diferente (mediador, v�ctima o infractor) a aquel que hab�an desempe�ado en la realidad con el objeto de vivenciar el esfuerzo del otro. La experiencia fue muy positiva, el movimiento fue circular y sist�mico ya que en el momento de las aportaciones al grupo todos reconocieron lo valioso de ponerse en el lugar del otro para comprender su esfuerzo. De esta manera ayud�bamos a dar m�s valor al esfuerzo que realizaron en su d�a con la mediaci�n ya que incorpor�bamos no s�lo la experiencia real vivida, sino tambi�n la interpretada o sentida en la posici�n del otro. De alguna manera el objetivo era conocer no s�lo lo que yo he vivido sino tambi�n lo que la otra persona debi� vivir desde el otro lado en mi proceso de mediaci�n, aumentando as� el valor tanto del proceso como del resultado en el caso de haber logrado un acuerdo.

A lo largo del resto de estos a�os pocas mejoras ha habido m�s en el �mbito de la mediaci�n penitenciaria en el Centro de Zuera, quiz�s los m�s significativos sean que en algunas ocasiones la Subdirecci�n de Seguridad nos pasa los conflictos de aquellas personas que todav�a no han sido sancionadas por el sistema para que podamos mediar antes de que la Comisi�n Disciplinaria adopte una resoluci�n y que as� puedan valorar, a efectos sancionadores, la participaci�n en el proceso de mediaci�n y en su caso el resultado obtenido.

Esta experiencia del Centro Penitenciario de Zuera nos llev� a reflexionar sobre las oportunidades de la mediaci�n penitenciaria tal y como est� establecida, pero tambi�n de sus limitaciones. Por eso cuando el Centro Penitenciario de Daroca nos propuso trabajar algo similar en su centro, les hicimos una contraoferta que nos permitiera avanzar y superar las limitaciones de la mediaci�n penitenciaria.

Y as� surgi� el proyecto de Gesti�n de Conflictos en el M�dulo de Respeto del Centro Penitenciario de Daroca, que presentamos en el a�o 2009 y que se desarrollar� en el a�o 2010. Este proyecto parte del modelo integrado de Juan Carlos Torrego para IES de la Comunidad de Madrid. En resumen nuestro proyecto parte de las siguientes premisas: por un lado la consideraci�n del M�dulo como una comunidad de vida en la que conviven funcionarios de seguridad, funcionarios de tratamiento, y personas presas. Evidentemente cada una desde su rol. Por otro lado la creencia firme en que como personas que desean una convivencia pac�fica y agradable en el m�dulo, todas las personas se comprometen a la cogesti�n y a la corresponsabilidad en esa convivencia pac�fica. En tercer lugar la creencia firme en que todo aquello que es cogenerado por todas las personas de la comunidad tiene un valor colectivo que protege el resultado de los quebrantamientos individuales en nombre de �como esto no es m�o, o yo no he participado, lo puedo romper�, es decir evitar por la v�a de la construcci�n colectiva las traiciones individuales, que en el fondo, en este caso, no ser�an sino traiciones a lo que yo mismo he construido. Y por �ltimo en la creencia igualmente firme de que las personas que est�n en prisi�n tienen capacidad suficiente para generar buenas pr�cticas que incluso superen las buenas pr�cticas de fuera de prisi�n.

En este sentido y de forma resumida el proyecto consiste en la creaci�n de una carta de derechos y de obligaciones propia del m�dulo, realizada con din�micas de participaci�n colectiva de todas las personas de la comunidad, y el establecimiento de un sistema de resoluci�n pac�fica de conflictos propio del m�dulo que parta de instituciones formales como la mediaci�n o las conferencias restaurativas, pero tambi�n de las informales (las maneras pac�ficas propias que en el d�a a d�a ya funcionan en el interior del m�dulo y que responden a la diversidad de las personas que lo forman). Este proyecto es un proyecto a tres a�os vista y contempla, como arquitectura metodol�gica, un proceso de informaci�n, de permeabilizaci�n de todas las personas implicadas, de formaci�n general a todas las personas de la comunidad (funcionarios y personas presas), de formaci�n espec�fica a los agentes clave del m�dulo, y de apoyo para la consolidaci�n de las estructuras que se vayan generando como propias en el m�dulo.

Las ventajas de este proyecto es que las estructuras que finalmente puedan resultar del mismo son las propias y queridas por las personas que conviven en el m�dulo y por lo tanto tienen una legitimidad colectiva, que se orientan hacia la reparaci�n del da�o causado a la comunidad a causa de la infracci�n cometida, que a su vez educan en la clave de responsabilizaci�n de los propios actos, y que refuerzan los valores positivos y de construcci�n de un sistema m�s orientado a la gesti�n de la convivencia que a la resoluci�n de conflictos ya producidos.

Como resumen de toda nuestra intervenci�n en el �mbito penitenciario destacar�a la siguiente progresi�n: de mediaci�n penitenciaria pasamos a un refuerzo de conductas positivas, y de ah� a un modelo de gesti�n de conflictos y de la convivencia propio que no precise de un refuerzo positivo puntual sino que el mismo sistema genere ese refuerzo positivo por su quehacer cotidiano. En el fondo, y esta es nuestra orientaci�n b�sica en la intervenci�n en prisi�n desde �hablamos? es la consideraci�n de la gesti�n de conflictos como un proceso educativo, pedag�gico, de gesti�n de valores, y de visibilizaci�n de alternativas, v�lidas tanto para personas presas como para funcionarios. S�, por encima mismo del valor de la gesti�n de conflictos, nuestra intervenci�n en prisi�n es una intervenci�n pedag�gica, de creencia firme en las personas adultas para la gesti�n de sus conflictos, de aprendizaje del valor de las conductas positivas, y de enorme capacidad humana para recorrer un camino individual y colectivo que, m�s all� del tratamiento pueril de evitaci�n del conflicto (cada uno a un rinc�n de la pared), permita a las personas descubrir posibilidades escondidas presentes en todos nosotros como son las v�as m�s cooperativas o colaborativas orientadas al aprendizaje mutuo.

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