Asociación ¿Hablamos?

Actualizado 10/2012

A comienzos del año 2007 se puso en marcha el proyecto de Mediación Penal en Zaragoza, de la mano de la Red Nacional de Mediación y Pacificación de Conflictos y el Consejo General del Poder Judicial.

Hemos avanzado cualitativamente en este ámbito por cuanto si bien empezamos con un modelo de mediación penal judicial, es decir que es la jueza o juez el que decide los casos susceptibles de mediación penal, en base al catálogo de delitos y faltas consensuado con ¿hablamos?, en la actualidad y en la comarca de Calatayud hemos iniciado un nuevo modelo: el modelo de mediación penal comunitaria. Este modelo es el propio de la asociación ¿hablamos? y permite que cualquier persona pueda solicitar someter su caso a mediación penal. Es un modelo muy parecido al que desarrolla la Asociación Apoyo en Madrid y en el que desde hace tiempo se mira la Asociación �hablamos? y al que aspiramos a extender a toda la Comunidad Autónoma de Aragón algún día.

Se trata por tanto de un aprendizaje muy interesante que nos pone en la senda de poder extender esta herramienta de Justicia Restaurativa a toda la ciudadanía. Estamos convencidos, así nos lo demuestra nuestra experiencia, que el diálogo, la palabra en fase de instrucción, cuando el conflicto est� reciente todav�a y el �ndice de judicializaci�n del mismo es pr�cticamente nulo, tiene una fuerza impresionante. Hemos sido testigos de c�mo los conflictos m�s violentos encuentran un camino de reparaci�n cuando las personas encuentran en la palabra la herramienta para canalizar sus emociones y sus necesidades. Y por eso, y en concreto en el caso de la Comarca de Calatayud, una vez que la experiencia de mediación penal en el modelo judicial no ha podido continuar por el cambio de destino de Amaya Olivas, lo hemos considerado más que una amenaza una oportunidad para poder lanzar un modelo de mediación penal comunitaria. Este modelo ha supuesto hablar todo lo necesario con la Fiscal�a, Judicatura y Abogac�a de la comarca, de las que hemos obtenido una estupenda respuesta para su implantaci�n. Una vez m�s el di�logo, en esta ocasi�n con todos los operadores jur�dicos, y la confianza generada por la validez del modelo de mediaci�n penal, nos han llevado a entre todos y todas construir un modelo de mediaci�n penal comunitaria adaptado a un entorno tan pr�ximo y cercano como el de Calatayud.

En este sentido también a lo largo de los años hemos ido consolidando nuestro propio modelo de desempeño de la mediación penal. Frente al riesgo de poder dirigir las mediaciones hacia la b�squeda de acuerdos que tengan sus correspondientes efectos penal�gicos, nosotros nos movemos precisamente en la l�nea m�s opuesta a esta orientaci�n en la mediaci�n penal. Desde un punto de vista doctrinal digamos que nos alejamos plenamente del modelo de la Escuela de Harvard de Ury y Fisher basado en su libro "Obtenga el s�" -y sus diversas manifestaciones y r�plicas- por el cual siempre hay un espacio para el acuerdo entre las partes, se trata tan s�lo de encontrar los intereses comunes siempre existentes. Y por el contrario nos movemos mucho m�s en la línea de transformación de la escuela de Folger y Bush, expresada en su libro "La promesa de la Mediación" en el que básicamente la mediación tiene que lograr dos objetivos, una vez m�s pedag�gicos (como ya hablamos m�s arriba) y de responsabilidad colectiva y ciudadana (propios de la Justicia Restaurativa). Estos dos objetivos son, en primer lugar el reconocimiento de la otra parte como ser humano, es decir el pasar de hablar de la v�ctima o del infractor como una cosa que ni siente ni padece (uno para minimizar el da�o "pero si s�lo le arranqu� el bolso", y otro para cosificar la existencia de una persona "quien hace eso no es persona, que se pudra en la c�rcel, yo con alima�as as� no me trato") para pasar a tratarles como seres humanos con toda su existencia. Y en este punto nosotros hemos descubierto un camino interior apasionante que las personas recorren, meditadamente, a veces con mucha dureza y dolor, pero que finalmente lleva a la posibilidad de entablar un di�logo real y humano. No son ni una ni dos ni tres las veces que en los encuentros individuales con la v�ctima o infractor les hemos acompa�ado en este camino interior dejando que tras varias sesiones las personas por fin "descosifiquen" al otro para reconocerle como ser humano, con sus errores y aciertos, y como principio necesario e indispensable para poder hacer de la palabra herramienta de transformaci�n veraz. Sin ese reconocimiento de la otra parte como ser humano no es posible entablar ning�n di�logo.

El segundo objetivo es la transformaci�n, que Folger y Bush nos plantean casi con un desprecio u olvido por el resultado final, entendido en clave de acuerdo. Lo que importa no es el acuerdo, sino que lo que importa es que estas dos personas lleguen o no al acuerdo, nunca volver�n a ser las mismas porque el camino recorrido les sit�a en un punto que es diferente, humanamente, de cuando empezaron. Cu�ntas veces nos hemos encontrado con v�ctimas que quieren pero no pueden entregar el perd�n porque vitalmente no est�n preparadas, porque en sus mochilas personales hay aprendizajes muy arraigados que chocan con el perd�n, o porque s�lo el tiempo, con los mimbres de la palabra ahora descubierta como puente hacia un futuro, permitir�n encontrar ese camino del perd�n. Y cu�ntas veces los infractores se descubren como incapaces para pedir un perd�n que estaban dispuestos a solicitar pero que al descubrir el verdadero da�o moral causado se derrumban porque nunca imaginaron causar un da�o de tal envergadura con un simple robo, forcejeo, insulto.... Sin duda las vidas de las personas cambian con la mediaci�n, con el di�logo, con la fuerza de la palabra. Y ese es el verdadero efecto transformador, el efecto generoso que la mediaci�n, el di�logo, la palabra tiene con las personas en particular y con la sociedad en general. Ese proceso de transformaci�n nos hace madurar como seres humanos y como sociedad. Soledad Alejandre nuestra jueza del n� 4 siempre pone el ejemplo que en las faltas en las que la Asociaci�n �hablamos? hemos mediado y que por lo que sea no se ha llegado a un acuerdo de reparaci�n, en ninguna, repito, en ninguna de ellas las partes han acudido al juicio de faltas, teni�ndose que sobreseer por falta de pruebas. �Qu� cosa tan maravillosa ha sucedido entonces para que dos personas que llegada la fase de encuentro no llegan a un acuerdo pero llegado el momento del juicio renuncian a acudir?. Nuestra interpretaci�n es que ha habido una transformaci�n en esas personas, que quiz�s no pudieron encontrar su espacio com�n de encuentro, ese acuerdo tangible, pero que ambas, habiendo hablado entre ellas, descubrieron que quiz�s penalizar sus conductas no ten�a mucho sentido, una vez que se reconocieron con capacidad para hablar entre s�. Sin duda la fuerza de la palabra....

En el �mbito de la mediaci�n penal tambi�n tenemos que destacar la generosidad y valent�a de los operadores jur�dicos de nuestra Comunidad. Los reiterados encuentros tanto con Fiscal�a, como con la Abogac�a y especialmente con los jueces y magistrados, as� como un reporte al menos anual a todos y todas ellos de forma conjunta hacen que este camino no sea exclusivamente de la Asociaci�n �hablamos? sino tambi�n de la sociedad en su conjunto. La colaboraci�n y apoyo de la Direcci�n General de Administraci�n de Justicia del Gobierno de Arag�n est� resultando tambi�n estrat�gica en este sentido.

creditos